Cuando nos referimos a la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), se habla de un grupo de condiciones inflamatorias crónicas del tracto gastrointestinal que incluye padecimientos muy comunes como la colitis, hasta afecciones un tanto más complejas, como la enfermedad de Crohn.1

El factor común denominador de la EII es la presencia de un proceso inflamatorio intermitente que puede afectar todo el grosor de la pared intestinal y en cualquiera de sus porciones.2

La EII se presenta de forma más frecuente en hombres que en mujeres, sin embargo, el diagnóstico ocurre de forma más tardía en ellos, especialmente cuando se trata de colitis ulcerativa. Respecto a los grupos de edad, la EII es muy común entre los 15 y 30 años, y también entre los 50 y 70 años de edad.2

Se trata de una condición crónica e incurable, que a menudo se presenta con periodos alternados de mejoría y recaída. Aunque, se desconoce el origen de la EII, se han identificado diversos factores que a continuación se detallan.1-3

El factor común denominador de la EII es la presencia de un proceso inflamatorio intermitente.

Las causas detrás de la EII

Para el desarrollo de la EII se ha identificado la participación de ciertos factores que involucran al individuo y a su entorno:

Factores que intervienen en el desarrollo de la EII.

Formas en las que se manifiesta la EII

A pesar de que la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn se clasifican dentro de la EII, cada una de ellas tiene distinciones importantes en la forma en la que se manifiestan y también se diagnostican.2
Los síntomas de cada variante dependen de la localización de la inflamación, así como de la gravedad de la misma.4

Enfermedad de Crohn

Es una forma muy común de presentación de la EII y consiste en un conjunto de manifestaciones digestivas cambiantes, como diarrea (más frecuente en adultos) y dolor abdominal (más frecuente en niños), el cual puede llegar a ser tan intenso como para afectar de forma importante la calidad de vida de la persona.4

La diarrea, por su parte, puede ser de intensidad variable, acompañada de moco o sangre y de presentación nocturna. Adicionalmente, cerca de la mitad de las personas con enfermedad de Crohn tienen pérdida de peso.4

Los niños también se pueden ver afectados por la enfermedad de Crohn. En ellos, a veces la única manifestación puede ser una reducción en la velocidad de su crecimiento, o bien, la presencia de malestares no digestivos.4 De ahí la importancia de acudir con un especialista capaz de integrar un diagnóstico adecuado.

Colitis ulcerosa

En el caso de la colitis ulcerosa, las personas a menudo se quejan de diarrea frecuente, que puede ir acompañada de la salida de sangre en las evacuaciones.4 También es común el dolor abdominal de tipo cólico y fiebre.2
Esta variante de EII puede presentarse de una forma un tanto difusa y afectar la porción del recto y en menor medida el resto del intestino.2

Cerca de la mitad de las personas que viven con enfermedad de Crohn logran tener un control adecuado de sus síntomas a los 10 años de haber recibido su diagnóstico; sin embargo, un 10% de ellos llevan un curso crónico de la enfermedad.2

En el caso de la colitis ulcerosa, las personas a menudo se quejan de diarrea frecuente.

Consecuencias de una EII no tratada correctamente

Resulta crucial tomar en cuenta que la EII es una condición médica con tendencia a la progresión, independientemente de si se trata de colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn. Por ello, un diagnóstico adecuado es de cardinal importancia, además de una intervención terapéutica apropiada con ayuda de un equipo multidisciplinario de especialistas.2

El diagnóstico temprano de la EII impacta de forma determinante en el desarrollo de la EII. Lo cierto es que de ello depende la posibilidad de prevenir secuelas en las personas que la padecen. Inclusive, aún después de haber sido emitido el diagnóstico, es muy importante realizar monitoreos frecuentes para prevenir crisis o complicaciones potenciales, como perforación intestinal, infección grave o flujo comprometido de sangre hacia el tejido, que requieren procedimientos quirúrgicos de emergencia.3

En ese sentido, es de suma relevancia que las personas con EII puedan lograr una adherencia no solo a los controles de monitoreo, sino también al tratamiento que su médico haya prescrito. Más allá del riesgo de dichas complicaciones, las personas que son capaces de conservar una motivación sostenida para iniciar y mantener su tratamiento farmacológico tienen más posibilidades de cumplir sus objetivos terapéuticos, prevenir escenarios de discapacidad y mejorar su calidad de vida.2

Referencias